Cuando pensamos en máscaras dentro del cine, probablemente lo primero que se nos venga a la cabeza sea el histriónico personaje interpretado por el histriónico Jim Carrey en La máscara (The Mask, 1994, Chuck Russell). O quizá, recordemos la sórdida fiesta a la que asiste Tom Cruise en Eyes Wide Shut (Eyes Wide Shut, 1999, Stanley Kubrick). Sin olvidar a Leonardo DiCaprio duplicado en El hombre de la máscara de hierro (The man in the Iron Mask, 1998, Randall Wallace), los carnavales venecianos de Casanova (Casanova, 2005, Lasse Hallström), el baile de Dentro del Laberinto (Labyrinth, 1986, Jim Henson) y por supuesto, V de Vendetta (V for Vendetta, 2006, James McTeigue), que el grupo de hackers de Anonymous ha convertido en un símbolo reconocido a nivel global.
Pero aquí no voy a escribir sobre cualquier tipo de máscara, sino que me centraré en las que aparecen en las películas de terror. Y hay mucho donde elegir, porque evidentemente es muy socorrido que el asesino de turno vaya con el rostro cubierto, ya sea por algún defecto físico al estilo del fantasma de la ópera, o simplemente por mantener en secreto su identidad del mismo modo que lo hacen algunos superhéroes.
Las 4 máscaras más populares son: la de portero de hockey de Jason Voorhees en Viernes 13 (que aparece por primera vez en la tercera parte de la saga), la impersonal de Michael Myers en Halloween, la de cuero de Leatherface en La matanza de Texas y el ghostface con ese gesto desencajado en Scream.














